30 agosto, 2010

Me calaste hondo

Y ahora me dueles. Si todo lo que nace, perece, del mismo modo un momento se va y no vuelve a pasar. Y decían "¡Qué bonito!" era vernos pasear queriéndonos infinito, pensaban "Siempre será igual".

¿Cómo lo permitimos? ¿Qué es lo que hicimos tan mal?
¿Fues este orgullo desgraciado, que no supimos tragar?

Engáñame un poco al menos, di que me quieres aún mas, que durante todo este tiempo lo has pasado fatal y que ninguno de esos idiotas te supieron hacer reír, y, que el único que te importa, es este pobre infeliz...

Me calaste hondo y ahora me dueles. Si todo lo que nace, perece, del mismo modo un momento se va y no vuelve a pasar. El día que yo me muera -y morire mucho antes que tú- sólo quiero que una pena se llore frente mi ataúd: Que esta herida en mi alma no llegó a cicatrizar y estará desesperada hasta que te vea llegar.

Me calaste hondo, y ahora me dueles.